Una niña de un año y medio de edad ha fallecido en la localidad Asturias, España, a los cinco días de haber sido atendida en varios centros de salud después de atragantarse con una palomita de maíz que estaba comiendo en su domicilio, según ha informado la Guardia Civil.

"Estaba perfectamente bien, empezó a toser, la llevaron al médico de Luiña y falleció", ha explicado a Europa Press una tía de la menor que se encargada de cuidarla y fue testigo de todo el proceso desde que aparecieron los primeros síntomas de problemas respiratorios. La familia está estupefacta ante el fatal desenlace.

Tras una radiografía y luego de haber pasado un día en observación "la mandaron para casa", explica la tía, remitiéndola a su pediatra, al que deberían llevarla para revisión a los 15 días.

La madre de la niña la llevó el pasado día 14 al centro de salud de Villares de Abajo al apreciar que presentaba dificultades para respirar. Al llegar el médico del centro dictaminó que ya no tenía pulso y que le faltaban las constantes vitales hasta que posteriormente la médico forense del Juzgado de Instrucción de Cangas del Narcea certificó su fallecimiento y fue ordenado el levantamiento del cadáver.

"La niña estaba dormida y le dio la tos, la llevaron al consultorio médico y se acabó muriendo por un grano de maíz", lamenta la tía.

Esta familiar ha preferido no referirse a posibles negligencias médicas ni ha adelantado si prevén tomar medidas legales. "De momento no podemos pensar en nada de eso, con su cuerpo todavía presente", ha señalado. No obstante, la Consejería de Salud ya ha encargado una investigación por estos hechos.

La Consejería de Sanidad del Principado de Asturias ha abierto la correspondiente investigación, han informado en fuentes de este departamento.

La Asociación Española de Pediatría desconseja el consumo de frutos secos antes de los cinco o seis años por el alto riesgo de atragantamiento y asfixia. Los niños pequeños no son capaces de masticar y triturar adecuadamente estos alimentos y el fruto seco puede aspirarse por accidente hasta el pulmón (en lugar de tragarlo por vía digestiva). Una vez allí (o bien que quede 'atascado' en los bronquios), puede obstruir la respiración y hacer que el niño se asfixie o bien provocar una neumonía por la infección de esa zona del pulmón en la que queda alojado ese cuerpo extraño.