SAN ANTONIO (Texas) - Como silenciosos centinelas, montan guardia a lo largo de 1,110 kilómetros (690 millas) del cambiante terreno que se extiende del Río Bravo al Océano Pacífico, la frontera.

Cerca de 50 de los 276 monumentos datan de la década de 1850 y fueron construidos después de que el Tratado de Guadalupe Hidalgo puso fin a la guerra de intervención estadounidense, con la derrota de México.

La mayoría fue erigida en la década de 1890, cuando el territorio se remedia. Numerosos obeliscos quedaron dispuestos a distancias de entre 400 metros y 8,05 kilómetros (un cuarto de milla y 5 millas) uno del otro, por disposición de la Comisión de Límites Internacionales (IBC, por sus siglas en inglés), para demarcar la frontera entre México y Estados Unidos.

Muy pocos sabían siquiera de la existencia de los monumentos de más de 100 años, que se erigen en la frontera. Hasta hace aproximadamente seis años, tampoco lo sabía David Taylor.

"No tenía idea de que estaban ahí, y la mayoría de la gente no lo sabe", dijo Taylor, cuyas imágenes de los monumentos forman parte de la exhibición del festival Fotoseptiembre, "Alien Contexts: Mexico and the U.S.", que se muestra hasta el 21 de noviembre en la galería de arte de las instalaciones centrales de la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA).

El fotógrafo de Las Cruces, Nuevo México, quien imparte clases en la universidad de ese estado, deseaba ver la frontera "de primera mano" en 2006, cuando se topó con el primer monumento.

"Es inevitable que uno desee comprender el lugar donde vive", dijo Taylor. "Y efectivamente, Las Cruces es una ciudad fronteriza. Está solamente a 50 millas (80,46 kilómetros) de la frontera".

Así comenzó su búsqueda para llamar la atención sobre los temas fronterizos, al tomar fotografías de todos los monumentos internacionales, desde la frontera entre El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, hasta San Diego, California, y Tijuana.

"Esto prácticamente me ha consumido", agregó.

En el proceso, Taylor acompañó a agentes de la Patrulla Fronteriza y se encontró con traficantes nerviosos, ciudadanos estadounidenses disgustados que vigilan la frontera e inmigrantes sedientos.

"Me di cuenta de que a principios de la década de 2000 estuvimos en la cúspide de los más grandes cambios en la frontera que hemos visto en más de un siglo", dijo.

Mientras que el tema de la inmigración se ha tornado candente en el crisol de las políticas partidistas, el proyecto "Working the Line" de Taylor -que abarca no sólo los monumentos sino la gente y cosas que ha visto en el proceso-, recuerda la complejidad de los asuntos involucrados.

Taylor dice que, con el proyecto en proceso, trata de revelar "una topografía altamente compleja en lo físico, social y político durante una época de cambio drástico" así como documentar a la Patrulla Fronteriza como una institución burocrática, considerada por Taylor "un país no descubierto".

"Una cosa es llegar y salir de varios puntos a lo largo de la frontera", dijo Taylor, quien considera que la inmigración es un "tema moral y ético". "Pero otra cosa es caminar hacia todos los monumentos. Es más fácil llegar a algunos desde territorio estadounidense; a otros es más fácil llegar desde México. En mi mente tengo un mapa completo de la frontera. Pregúntenme sobe cualquier monumento y les puedo decir cómo era el terreno que lo rodea".

Eso es algo digno de tomar en cuenta, en un momento en que la política fronteriza de Estados Unidos es definida por funcionarios a miles de kilómetros (millas) de México.

"Las fronteras son profundamente simbólicas y engendran experiencias", dijo Scott Sherer, curador de la exhibición y miembro de la Facultad de Artes de la UTSA.