Si nos pidieran evaluar nuestra apariencia, revelaríamos una o dos cosas de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Desde la forma o tamaño de la nariz, hasta nuestra sonrisa; sin embargo, cuando ésto pasa de ser deseo a una angustia, que nos lleve a buscar medidas extremas como cirugías múltiples o cientos de cosméticos, puede que nuestra percepción esté distorsionada.

“Defectos” ¿reales o imaginarios?


Ya sea que se trate de la piel, cabello o facciones, muchas personas aprenden a vivir con sus “imperfecciones”, y aunque a veces les inquietan, no intervienen con su vida diaria. Desafortunadamente no es así para todos. Hay quienes piensan en ellas horas enteras e incluso días completos, lo que les impide concentrarse en otras actividades y afecta, su trabajo, relaciones personales y autoestima. Estas personas podrían padecer Trastorno Dismórfico Corporal.

De acuerdo con la Asociación Americana de Ansiedad y Depresión (ADAA, por sus siglas en inglés), el Trastorno Dismórfico Corporal, es un desorden en la percepción de la imagen, caracterizado por preocupaciones desmedidas y persistentes de “defectos” insignificantes o inexistentes, pero descomunales a los ojos de quienes sufren de este padecimiento.

Las personas con Trastorno Dismórfico Corporal (BDD, por sus siglas en inglés), no pueden controlar los pensamientos negativos respecto a sus “defectos”, y no creen a las personas que les dicen que son mínimos. Estos pensamientos, causan, a quienes padecen BDD, un severo estrés emocional que puede llevarles a faltar al trabajo, evitar contacto social e incluso aislarse de su familia y amigos, por temor a que noten sus imperfecciones.

Obsesión cosmética

El sometimiento a múltiples cirugías plásticas, es una de las manifestaciones del BDD, y es riesgoso e ineficaz, ya que para una persona con este trastorno, los resultados suelen no ser satisfactorios, lo que además de aumentar su ansiedad, les lleva a buscar otros procedimiento quirúrugicos. O bien, de sentirse conformes con la cirugía, es probable que empiecen a enfocarse en otra parte del cuerpo que desean modificar, y por lo tanto a precuparse por “arreglar” el siguiente “defecto”.

Señales de alerta

El Trastorno Dismórfico Corporal es difícil de diagnosticar, pues sus síntomas son similares a otros trastornos como la depresión, desórdenes de la ansiedad o alimenticios; pero las personas con esta padecimiento, en su búsqueda por ocultar o mejorar sus “defectos”, presentan conductas repetitivas o compulsivas, que ofrecen sólo un alivio temporal. Algunas de estas conductas son:

Camuflar las imperfecciones con ropa, accesorios o cosméticos.
Comparar su apariencia con la de los demás.
Buscar cirugías plásticas.
Mirarse constantemente al espejo, o evitarlo.
Cambiar de ropa varias veces al día.
Ejercitarse o acicalarse en exceso.

De no tratarse, el Trastorno Dismórfico Corporal llega a empeorar. Las personas con BDD severo, pueden llegar a aislarse por completo, evitar salir de casa y presentar pensamientos suicidas, por lo que es vital recibir ayuda profesional.

Fuente: www.adaa.org