Más allá de cómo se haya desarrollado la separación, civilizadamente o de modo conflictivo, la época navideña toca fibras sensibles y comienza a sentirse la soledad, el temor, la incertidumbre… Para que disfrutes de tus primeras Fiestas luego del divorcio, es importante que adoptes una actitud positiva y lleves a cabo los consejos que te proponemos. No te los pierdas.

1. Arréglate. Guarda tiempo para ti. Ve a visitar a tu peluquero, hazte una manicura, una pedicura, cómprate esa ropa que no te estabas permitiendo y luce como una reina.

2. Vive el momento. Olvídate de todo y no te permitas sentir nada que no sea positivo y feliz. Piensa en todo lo que tienes para agradecer a la vida. Puede ser que tengas en tu pasado reciente cosas que te hacen sufrir y que te den vueltas por la cabeza. Postérgalas hasta febrero, evítalas. Hoy es tu día.

3. Viajes. Si vas a pasar la Navidad y el Año Nuevo sola, si no tienes ganas de pasarla en casa de tus padres o si simplemente quieres cambiar de aire, ¿por qué no haces un viaje? Puede ser una solución inmejorable: súbete a un crucero y recorre el Caribe, vete a esquiar, festeja a lo grande en Las Vegas…

4. En casa. Si trabajas mucho y tienes que pasar ratos a solas en casa, transfórmala en una fuente de gozo. Haz una lista con las cosas que te gustan y ponte manos a la obra: renta DVD’s, compra libros, llena la nevera con tu comida favorita, carga tu reproductor de buena música, regálate un cómodo y mullido sofá, contrata a alguien para que limpie y ordene…

5. ¿Tienes niños? Si será la primera Navidad de tus hijos con sus padres separados, lo más importante será apoyarlos y llenarlos de carcajadas. Los grandes regalos no son lo fundamental. ¿Pasarán las fiestas contigo o con él? Explícales con precisión y alegría qué van a hacer. Muéstrate fuerte y evita todo tipo de conflicto y polémica. Intenta que todo se desarrolle con fluidez y serenidad.

6. Piensa en los demás. Si quieres hacer algo realmente distinto para olvidarte de tus problemas, la mejor opción es hacer caridad o trabajo voluntario. Visita hogares de ancianos, servir el almuerzo o cena en el albergue de personas sin hogar, cuéntales historias a niños sin padres... Verás lo feliz que te sentirás luego.