¿Qué culpa tiene nuestra familia de que hayamos tenido un mal día? Por supuesto que ninguna. Esta es una pregunta nos deberíamos hacer más seguido, porque después de haberla pasado mal en el trabajo, con frecuencia nos desquitamos con la primera persona que se nos pone en el camino: nuestros hijos o pareja.

Es cierto que muchas veces lo hacemos sin pensar, no ponemos atención de las palabras que usamos cuando discutimos con alguien. Simplemente perdemos los estribos y cualquier cosita que sucede se convierte en una oportunidad para descargar todas nuestras frustraciones con quien menos lo merece.

Lo más complicado es cuando lo hacemos y nos negamos a aceptar que lo hicimos, encontramos mil excusas para evadir nuestra responsabilidad, pensando que ellos hicieron algo para hacernos enojar y no existía otra alternativa si no proceder groseramente. Pero ninguna circunstancia es excusa para que tratemos mal a nuestros seres queridos, como madre, tu responsabilidad es crear un ambiente de armonía en tu hogar pase lo que pase. Y si no sucede así, puesto que nadie es perfecto, debes aprender a restaurar la paz.

Si lastimamos a alguien y tomamos consciencia de lo que hicimos es necesario que nos disculpemos, hablemos sabiamente y arreglemos los asuntos como personas civilizadas. Descubre cómo Johanna Torres de Mamás Latinas lidió con una experiencia así. Perdió los estribos con su hija adolescente pero después lo solucionó.

¡Lee la nota completa!