La anorgasmia es una disfunción sexual que cada vez aqueja a más mujeres. Pero, ¿qué es la anorgasmia? Muchos la confunden con la frigidez o le atribuyen causas que poco tienen que ver con su verdadero origen. Aquí te contamos cómo suele llegar este problema, de qué se trata y cómo superarlo.

Ante todo, pasemos a explicar qué es la anorgasmia. El cuerpo humano recorre un proceso sexual que tiene diferentes fases: la fase del deseo, la fase de excitación, la meseta, el orgasmo y la fase de resolución. Las disfunciones sexuales tienen habitualmente dos pilares: ausencia de deseo o ausencia de placer.

Cuando lo que falta es deseo y que por más de ser estimulada tu cuerpo no responde a la excitación, la disfunción se llama frigidez. Cuando, en cambio, sientes deseo, te excitas y mantienes una relación sexual óptima pero a pesar de eso nunca llegas al orgasmo, lleva el nombre de Anorgasmia.

Existen diferentes tipos de anorgasmia:

·    Anorgasmia primaria: la sufre quien nunca ha experimentado un orgasmo, ni por medio del coito ni por masturbación.

·    Anorgasmia secundaria: la sufre quien, tras una época de haber tenido orgasmos con normalidad, deja de experimentarlos de forma sistemática.

·    Anorgasmia absoluta: cuando no es capaz de alcanzar el orgasmo mediante ningún procedimiento (autoestimulación, heteromasturbación, etc.).

·    Anorgasmia relativa: cuando obtiene el orgasmo exclusivamente de una forma determinada; por ejemplo, por estimulación anal mientras padece una anorgasmia vaginal.

·    Anorgasmia situacional: cuando puede alcanzar el orgasmo sólo en determinadas circunstancias específicas.

Según un estudio de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, sólo el 5% de los casos está asociado a causas físicas, mientras que el restante 95% responde a cuestiones psicológicas. Entre ellas, las más habituales son: el haber sufrido un hecho traumático de índole sexual, la educación que la persona recibió sobre sexualidad en general, la presencia de tabúes, miedos y prejuicios adquiridos, el desconocimiento del propio cuerpo, las creencias culturales, religiosas y sociales, etc.

La comunicación en la pareja es la clave esencial para superar esta cuestión. Según el estudio, las parejas que comunican claramente sus necesidades y deseos sexuales, ya sea en forma verbal o no, experimentarán disfunción orgásmica con menos frecuencia.

El otro aspecto de gran importancia es el conocimiento del propio cuerpo. Muchas mujeres no acceden al orgasmo sencillamente por no saber qué zonas les resultan más excitantes y no probar cosas nuevas en la intimidad.

El camino para la recuperación comienza con la aceptación del problema. Basta de ocultarlo: ponte manos a la obra y apuesta por una vida más feliz y placentera. Te lo mereces.