LONDRES - Las largas horas de vuelo, ajustarse al cambio de horario o inclusive las diferencias en la comida, no han sido impedimento para que ciudadanos de todas partes del mundo se reúnan en este Londres 2012 y vivan con emoción cada día de competencia.

Escuchar el himno de tu nación, ver la bandera flamear, es un momento de orgullo total, es un tributo a la tierra que nos vio nacer, a la cultura en la que crecimos y a las cualidades que de alguna manera compartimos con los deportistas que nos representan.

Artistas, jefes de estado, miembros de la realeza británica, todos han querido ser parte de la magia de las olimpiadas y han querido vivir de cerca el mayor evento deportivo del mundo.

Y es que el sentido de las olimpiadas va más allá de un sentimiento deportivo con el don de cautivar al mundo de una manera muy especial. En las gradas de los estadios, fanáticos que quizá ya no tienen a su atleta favorito o a un representante de su país en competencia, se unen en nombre del deporte, sin importar raza, nacionalidad o cultura. Tener la oportunidad de vivir esto en persona es realmente una experiencia única.